Algunos días atrás, me enteré en las noticias de que un hombre de 62 años dio muerte a uno de 26. Pero lo terrible no termina ahí, veo su foto y es inevitable sentir el pecho oprimido; lo conozco.Su nombre Juan Bautista Carmona Vidal, un hombre alegre, feriante de la zona y mi casero de cebollines en la feria del domingo.
Escucho con atención las noticias y no logro entender cómo alguien con 62 años, con limitaciones para caminar, aparentemente una buena persona, puede dar muerte a un joven de 26, lleno de vitalidad, con toda su juventud por delante; ¿con una piedra?, según informan las noticias.
Me dije, algo está mal, algo no concuerda. Y efectivamente, estaba en lo cierto, la supuesta "victima" era un joven delincuente y drogadicto que por muchos años abuso de Don Juan, robándole todo cuanto podía en especies y dinero.
Interiorizándome en el tema, supe que Don Juan en más de una ocasión acudió a carabineros en busca de ayuda, pero nunca la encontró. Entonces, me pregunto, quién es la víctima en esta historia. En qué estamos mal como país. Por qué no le brindamos apoyo a este hombre cuando lo necesito. Por qué tuvimos que esperar este desenlace. Por qué sus compañeros de feria no lo ayudaron, sabiendo de la situación por la que ocurría. Qué pasó por la mente de este hombre, porque lo hizo; tal vez, ya no daba más.
Ahora libre de su agresor, será formalizado por homicidio. Su condena, la cárcel. Otra vez preso, pero esta vez porque nadie supo escuchar a quien pedía auxilio a gritos.
